El gelato tiene orígenes antiquísimos. En el Génesis, se cuenta que Isaac ofreció a Abraham una leche de cabra mezclada con nieve (un tipo de sorbete) y en el Egipto Antiguo, los faraones ofrecían cálices rellenos de jugos de fruta y nieve; también Alejandro Magno saciaba su sed con bebidas compuestas de frutas o miel, mezcladas con nieve.
Los romanos aprendieron de los griegos a utilizar la nieve para enfriar las bebidas. Una vieja receta transmitida de “Plinio El Viejo”, nos hace ver como entre los romanos (los ricos) fuera común degustar sorbetes; mezclaban miel y hielo triturado finamente a otra porción de hielo mezclada con jugo de frutas, para realizar un tipo de crema helada.
Con la caída del Imperio Romano y la llegada del Medievo, se perdió la costumbre de degustar estas bebidas frías, aunque en Oriente continuaron perfeccionando esta técnica. Y fue justamente de ahí, a través de la población árabe que llegó a Sicilia, que el gelato en forma de sorbete “sherbet” fue reintroducido en Italia. Los árabes de Sicilia acostumbraban mezclar la nieve el volcán Etna a los jugos de frutas, creando lo que se podría considerar el antepasado del gelato artesanal italiano.
El nacimiento del gelato a base de leche es bastante reciente; nace alrededor de 1565, en la corte de Caterina D’Medicis, en Florencia, adjudicando su mérito al arquitecto Bernardo Buontalenti, llamado “Maestro Bernardo delle Girandole”, que realiza un sorbete casi gelato, utilizando nieve, sal (que por una ley física baja la temperatura), limón, azúcar, clara de huevo y leche. Sucesivamente en 1686 el emprendedor chef siciliano Francesco Procopio se mudó a París e inauguró el “Café Procope”, que todavía existe, donde creó una nueva receta para hacer el sorbete-gelato, utilizando fruta, miel, azúcar y hielo.
La ola migratoria del siglo XIX, contribuyó al incremento de la exportación del gelato a toda Europa, ya que muchos trabajadores del Norte de Italia emigraron, transformándose en vendedores ambulantes de castañas asadas y frutas caramelizadas, primero, y de gelato, después. Son justo de esta época los típicos carritos de venta de gelato que empezaron a aparecer en toda Europa. Cerca del año de 1884, en Torino, se inaugura la gelatería “Pepino”, que fue sin lugar a dudas la primera del Norte de Italia en convertir el gelato en algo popular y que el día de hoy continúa produciendo gelato en esta capital del Piamonte.
Entre las tantas escuelas que se distinguieron a lo largo del tiempo en la fabricación y exportación del gelato como parte de la cultura italiana, merece ser nombrada la del Veneto, que se ha dado a apreciar en todo el mundo, en especial del gelatiere Italo Marchioni que en 1903, inventó el cono para gelato; o sea un contenedor hecho de galleta, siendo el lado superior la parte más amplia y abierta, para llenarlo del gelato (un cucurucho de galleta), contribuyendo con esta innovación al incremento de la popularidad y la difusión del gelato italiano.
Hoy por hoy, el gelato es un postre conocido en todo el mundo, no sólo por su refrescante y delicioso sabor, sino porque en cada región se prepara e interpreta de distinta manera, pero no es sino en esta tierra italiana donde se creó y perfeccionó, compartiéndose al mundo y degustándose en todos los paladares posibles del planeta. El día de hoy, Italia nos presta un poco de su conocimiento y experiencia y presenta este arte de hacer gelato, de manera fielmente artesanal y natural, con Blezlê que desde 2017 llega para ti a Ciudad de México y poco a poco, dará sorpresas en otras ciudades del país. ¡Que lo disfrutes!